Una página si llevas menos de diez años trabajando. Dos si tienes más recorrido y cada línea de la segunda página aporta algo que la vacante pide. Tres, prácticamente nunca, salvo en carreras académicas o científicas donde el CV largo es la norma del sector.
Y ahora la parte que casi ningún artículo dice con claridad: el ATS no es el motivo. El límite de páginas no lo pone la máquina.
Empecemos por desmontar el motivo equivocado
Circula mucho la idea de que un CV de dos páginas "no pasa el ATS" o de que el sistema solo lee la primera. No es así. Un analizador extrae el texto del archivo completo, tenga una página o cinco, y reparte lo que encuentra en sus campos. La segunda página se lee igual que la primera.
Lo que sí rompe la lectura es otra cosa: la maquetación. Dos columnas, tablas, cuadros de texto, datos de contacto metidos en el encabezado del documento. Eso desordena el texto extraído y esos problemas son reales, pero no tienen nada que ver con cuántas páginas ocupa el documento. Lo explicamos con la extracción real en si el ATS lee las columnas y las tablas.
Conviene tenerlo claro porque el consejo equivocado sale caro en las dos direcciones: gente con quince años de experiencia comprimiendo su carrera a una página ilegible por miedo a un filtro que no existe, y gente que llena dos páginas creyendo que el problema era otro.
El límite real: el tiempo de la primera mirada
El motivo por el que la longitud importa es humano.
El estudio de eye-tracking de Ladders (2018) cronometró a 30 reclutadores en una media de 7,4 segundos en la criba inicial, frente a los 6 segundos que había medido en 2012. Hay que tomarlo con sus límites: la muestra es pequeña y lo que mide es más un tiempo de descarte que un tiempo de lectura. Pero la dirección coincide con lo que reconoce cualquiera que haya revisado una pila de currículums, y el estudio añade un detalle útil: en esa primera pasada la vista va al cargo actual y la empresa, luego a las fechas, y después baja a la formación.
De ahí sale la conclusión práctica, que no es sobre páginas sino sobre posición: lo que decide tu CV está en el primer tercio de la primera página. Todo lo demás se lee solo si eso funcionó.
Visto así, la pregunta "¿una o dos páginas?" cambia de forma. No se trata de un límite que respetar, sino de esto: si lo importante ya está arriba, la segunda página no te hace daño. Si lo importante está en la segunda página, no importa cuántas tengas, porque nadie va a llegar.
Cuándo dos páginas están justificadas
- Más de diez años de experiencia relevante. Comprimir eso a una página obliga a letra pequeña y márgenes mínimos, y un CV apretado se lee peor que uno de dos páginas con aire.
- Perfiles técnicos con herramientas y proyectos que la vacante pide expresamente. Si la oferta enumera ocho tecnologías, necesitas espacio para demostrar dónde usaste cada una.
- Carreras académicas, científicas o médicas, donde publicaciones, congresos y docencia forman parte del formato esperado.
- Sector público y concursos, donde con frecuencia se exige detallar cada puesto, con fechas exactas y a veces con formato obligatorio.
En todos estos casos la segunda página se gana porque el contenido lo pide, no porque tú quieras contar más.
Cuándo dos páginas te perjudican
- Menos de cinco años de experiencia. Una segunda página aquí casi siempre está rellena de cursos cortos, aficiones y habilidades genéricas, y eso comunica lo contrario de lo que pretende.
- La segunda página tiene tres líneas. Es el peor caso posible: ocupa una hoja entera para nada y se ve descuidado. O lo subes a una página o le das contenido real.
- Repites lo mismo con otras palabras. Tres empleos parecidos descritos con las mismas cuatro viñetas no son más información, son la misma información tres veces.
- Cuando la segunda página es la lista de habilidades. Si tus habilidades importan, deben aparecer dentro de la experiencia, donde se demuestran, no en un inventario al final. El porqué está en cómo mejorar el puntaje de tu CV.
Cómo bajar de dos páginas a una sin perder nada
Por orden, porque los primeros recortes no duelen:
- Quita los empleos de hace más de diez o quince años, o resúmelos en dos líneas al final ("Experiencia anterior: puesto, empresa, años").
- Quita lo obvio. "Referencias disponibles a petición", la dirección postal completa, el estado civil, la fecha de nacimiento y la foto en los mercados donde no se piden. En España y buena parte de Latinoamérica la foto sigue siendo habitual; en Estados Unidos, Reino Unido o Canadá se omite. Las convenciones por país las repasamos en hoja de vida en formato ATS.
- Recorta las viñetas de tres líneas a una. Casi todas se pueden decir en una línea si eliminas el contexto que ya se deduce del cargo.
- Reduce a tres o cuatro viñetas por empleo, y menos en los más antiguos. El empleo más reciente merece más espacio que el de hace ocho años.
- Elimina las habilidades genéricas. "Trabajo en equipo", "proactividad", "orientación a resultados" no aportan nada porque las escribe todo el mundo.
- Solo al final, ajusta el formato. Márgenes algo menores, interlineado un poco más ajustado. Nunca por debajo de 10 puntos de cuerpo, porque a partir de ahí ganas espacio a costa de que no se lea.
Si después de los seis pasos sigues en dos páginas, probablemente las necesitas.
La segunda página, si existe, necesita tu nombre
Un detalle práctico que se olvida: los documentos se separan, se imprimen y se reordenan. Pon tu nombre en la segunda página, en una línea de texto normal al principio, no en el encabezado del documento, porque el contenido de los encabezados se pierde con frecuencia al extraer el texto.